El Traspatio

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El baile folklórico y la cultura

Javier M. Temoltzin

Mientras caminaba por el bello zócalo de Tlaxcala noté inmediatamente una música cercana a mí y, a lo lejos, unas doncellas vestidas de flor y que en giros esporádicos movían los colores del cielo, del mar y la tierra, conjugaban un arcoíris digno de alegría y admiración. Los sombreros, el traje blanco, el rojo paliacate desfilaban también entre el esmeralda y las coronas florales. Un baile folklórico –pensé- me acerqué y efectivamente así era, me detuve a contemplar aquellas imágenes que hacían un gran juego de arte y cultura entre el ayuntamiento de la Colonia Española, la Iglesia y el templo franciscano de fondo y el Kiosco Francés, fue ahí el momento en el que pensé en que los bailes folklóricos propios de cada región son una de las expresiones, junto con la gastronomía, la religiosidad, el arte, &c. de una de las manifestaciones más hermosas y acabadas de la cultura; esto es, el baile folklórico es un ente cultural por razón de que es algo creado por el ser humano en el que se separa de la naturaleza, es un ente artístico, una obra de arte, por tal motivo es considerado como una fuente de experiencia estética. Tal experiencia nos brinda una reflexión más profunda: que la cultura como creación del hombre es el reflejo de la dignidad humana, y al morir el hombre muere esta, ya que el hombre es el sujeto y el autor de la cultura.

La cultura se observa como un aspecto, no secundario, sino fundante en la vida de todo hombre. El ser humano solamente alcanza su verdadera plenitud en la cultura, y en la cultura que le es propia, en los valores que hay en él y en la virtud, los bailes folklóricos cumplen tal función, desde la bella música, el sonido de las botas o zapatos recreando el sonido lluvioso, y los hermosos trajes multicolor que representan la flora propia de cada región. Sin la cultura no es posible el surgimiento del verdadero hombre, el hombre como ser humano. Cultura es, entonces, el cultivo de aquello que hace humano al hombre, como los valores, la familia, la educación, la política, el arte, la ciencia, &c. fuera de la cultura el hombre no existe, ya que es a través de ella por la que el hombre sale de sí, expresa su humanidad, humaniza, y se hace a sí mismo como persona en su libertad conferido de inteligencia, afectividad y voluntad para aprehender el mundo y abrazarse a él ¿no es así que en tales bailes –u en otras expresiones artísticas- surge en nosotros un movimiento interno de adherencia, solidaridad y adecuación para con todos, los nuestros que no son sino nosotros mismos en ellos? Es por ello que el hombre vive una vida verdaderamente humana por la gracia de la cultura.

Sin embargo la cultura es algo que aunque esté ahí, frente a nosotros, como las doncellas vestidas de flor pintando el mundo en mil sabores, debe ser enseñada y aprendida, es decir, se debe educar para la cultura. Resalta ahora la importancia de la educación, ya que es esta la que busca humanizar al hombre, es, por lo tanto, tarea fundamental de la educación: la cultura, y no quiero decir con ello en “cultura general” sino en vivir las diversas esferas culturales. La comunicación se presenta también como otro factor de propagación cultural ya que debe ser igualmente humana, cuando la música me llamó y los vestuarios florales me atraparon fue, sin duda alguna, porque aquella creación era indudablemente humana y me estaba “hablando”; es un testimonio del cual se ha experimentado y posee un valor auténtico, no desvirtuado y que igualmente permita penetrar en la realidad para poder ser reflexionado y expresarlo con un valor auténtico. La cultura humana se realiza mediante nuestros actos, de todo tipo artísticos, la danza, la fotografía, la escritura, la pintura, la escultura, el cine, la música, &c., es mediante la praxis, actos que poseen un carácter ético de manera que con-formen nuestra morada, ya que nuestros actos no solamente cambian algo de la realidad sino que además perfeccionan al hombre mismo; y es por medio de los actos humanos, de la praxis, que el hombre hace cultura, en y desde la realidad, admirándola y encontrando un orden y un sentido del cual él es partícipe, así, de ese modo, el ser humano por la contemplación a la realidad a la que ha sido introducido comienza a responsabilizarse y respetando tal diversidad, se mueve a actuar, es decir, a co-crear.

Javier M. Temoltzin

 
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