El Traspatio

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De belleza y arte

En ti, se ha manifestado con toda su belleza,

arte vuelta divinidad,

permíteme “re-crearte” en un corazón infinito…

Javier M. Temoltzin

El tema de la belleza es de interés universal, porque por sí mismo concierne y afecta de manera positiva a todos los seres humanos. El contacto inmediato con un Miguel Ángel, la lectura de un Dostoievski, el escuchar “Las cuatro estaciones” de Vivaldi, el trabajo fotográfico de Henri Cartier-Bresson, la mirada discreta y apasionante de la mujer amada, el contacto con la madre o el hijo, la naturaleza entera, el cosmos, todas estas vivencias estéticas nos obligan, por el carácter propio e intelectual del humano, a preguntarnos: ¿Qué es la belleza? ¿Qué es lo estético? Ante estas cuestiones Tomás de Aquino define lo bello por tres condiciones:

“La integridad, porque la inteligencia ama al Ser; la proporción, porque la inteligencia ama al orden y ama la unidad; y por último, el brillo o la claridad, porque la inteligencia ama la luz y la inteligibilidad”[1].

Todos estamos de acuerdo en que son necesarias éstas tres condiciones para que la belleza se pueda dar; aunque en los seres mortales sea una belleza finita pues la Belleza Absoluta se encuentra únicamente en el Ser, Él es le Belleza Divina, en Él se encuentran de manera plena las tres condiciones ya citadas. Es pues el Ser quien al ser la Belleza Divina y Absoluta, quien les da belleza a los seres finitos y particulares creados por Él y sus creaciones; toda la bondad y belleza que hay en las creaturas de Él proviene, de Su Belleza Divina; es por lo tanto, la Belleza del Ser, la que da goce y armonía entre los seres finitos, el contacto familiar, la mujer amada, las grandes obras musicales y artísticas, la naturaleza, etc.

“Así la belleza de la criatura no es otra cosa que una semejanza de la Belleza Divina participada en las cosas, y siendo, por otra parte, toda forma principio de ser, y conservadora del ser toda consonancia, o toda armonía, hay que decir que la Belleza Divina es la causa del ser de todo, lo que es. De la Hermosura Divina se deriva el ser de todas las cosas”[2].

De manera que el artista imita o trata de imprimir en la materia una de las cualidades del Ser: la belleza. El artista está más cerca de la Divinidad en éste sentido, y es él el que ya está en camino a la perfección pues trabaja para la belleza. La inteligencia tiene nostalgia por crear y lo refleja en una obra material y también espiritual que da vigor a nuestra alma; ésta nostalgia o exigencia de parte de la inteligencia es la razón por la que existen artista entre nosotros, artistas capaces de imprimir la Divina proporción en sus obras. El artista ama sus creaciones, porque, aunque son artificiales, logra que las personas gocen de sus obras, es de ésta forma como el artista puede decir con seguridad “no moriré del todo” de alguna manera, es inmortal, prueba más de su ímpetu por imitar al Ser.

Es muy interesante el tema de la belleza; de hecho, una buena parte de los trabajos artísticos en la historia han tenido como objetivo representar el Ser o la Divinidad o aspectos relacionados con la religiosidad y le experiencia mística. En arte hay mucha referencia a lo Divino. La religión es arte y es una inspiración, un tema que en su carga emotiva y su devoción lleva a los artistas a producir “lo más artístico”, y por su puesto otros temas.

Bien, entendemos que no es lo mejor decir que la imitación de la Belleza Divina –como cualidad del Ser- es lo que hace que los artistas tengan inquietud por realizar creaciones agradables y bellas.  De lo que podemos estar seguros es que hay un impulso que nos mueve, que mueve a los artistas a crear, definido por Sigmund Freud como “carga psíquica positiva que nos mueve”, no necesariamente sexual, la cuál es llamada en psicoanálisis como libido; ésta puede venir de la sublimación, cambios de ánimo, de impulsos destructivos, etc. creadores, finalmente, aunque se expresen de modos diferentes.

La libido es también un impulso que nos ha sido dado como un don, quizá a unos en mayor o en menor medida que en otros, y definitivamente ésta sería la principal razón por la que existen artistas entre nosotros. El Ser al crearnos incluyó en Su más grande creación, el ser humano, la libido, una carga positiva e inmensa que nos mueve, renueva, y que definitivamente nos “re-crea” y nos permite “re-crear”, es decir, volvernos “co-creadores” del mundo entero.

Ahora bien, ¿Qué es lo bello? ¿Qué es lo estético? De éstas preguntas parte todo el texto. En principio, lo estético es un concepto que no es estable, varía con el tiempo, incluso una misma obra puede ser interpretada desde diferentes valores estéticos, de acuerdo al momento, con la coyuntura histórica, se “re-significa” de acuerdo al momento y de acuerdo también a la historia y estructura del sujeto que la contempla, sin embargo esto no significa que la “Mona Lisa” de Da Vinci dejará de ser bella, siempre lo será, lo que cambia es la interpretación personal de la misma dentro de un marco histórico y cultural. Los especialistas, críticos y artistas del arte contemporáneo ya no usan la palabra belleza porque lo estético tiene que ver con otros aspectos de lo humano y su trabajo, como el expresionismo, el hiperrealismo, el surrealismo, lo conceptual, lo geométrico, el arte pobre, etc. La estética es inherente a la vida humana, por la libido que viene de nuestra psiqué o espíritu, es trabajo humano, original e inserto en una tradición, imaginativo, creativo, la belleza es desde aquí, un enigma y casi un milagro, contiene ingredientes de sorpresa, de comprensión, de aprehensión, de entrenamiento en la observación, de emotividad, de intuición. No debe ser complaciente no sólo decorativa, no se trata de “buen gusto”, es por lo demás un trabajo muy serio y difícil que se logra, como ya se  ha mencionado, por la libido que ayuda al artista a tratar de imitar la Belleza Divina y a trascender. Es un trabajo que logra re-crear-nos, identificar-nos, encontrar-nos y a veces contemplar-nos en le bella creación del artista.

Javier M. Temoltzin



[1] Tomás de Aquino

[2] Jacques Maritain

 
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